martes, 5 de octubre de 2010

La renuncia de Casciari y la amistad como motor literario

Hoy empecé a leer en PDF “El pibe que arruinaba las fotos” de Hernán Casciari. Es el primero de sus trabajos, salvo algunos cuentos, en el que me meto y me dio por hacerlo de lleno. No sólo me gustó, como me pasa con otros libros, también me emocionó, me indignó y me hizo reír mucho.
El libro lo bajé del muy recomendable sitio web de Casciari (www.orsai.bitacoras.com). La llegada a Orsai no fue casual, algunas veces había entrado, pero ni siquiera lo tenía como un espacio a chequear con frecuencia. Volvía él después de enterarme de su renuncia.
Pero todavía no voy a hablar de eso.
Repasando los últimos post de Hernán, me di cuenta que salvo dos fechados en la última semana de septiembre, el anterior tiene más de un año. Justamente ese post está dedicado a “El pibe que arruinaba las fotos” y desde allí se puede descargar en forma gratuita.
Dice Casciari el 18 de septiembre de 2009: “Esta mañana salió a la venta en España y Argentina una novela que no recuerdo haber escrito nunca. Claro que la escribí yo, palabra por palabra, pero el asunto es que no me di cuenta, hasta hace unos meses, de que aquel montón de historias podían ser una sola. Lo que sí hice, cuando lo supe, fue darles continuidad y ritmo. En eso estuve estos meses de ausencia en Orsai: editando y corrigiendo recuerdos propios. Lo que quedó es, hasta ahora, lo más lindo que escribí en la vida. Y fue sin querer”.
Está hablando del entrañable libro que he mencionado. Un viaje a otras épocas con recuerdos que contagian, que te hacen cómplice de su infancia y de su crecimiento. Decir maduración, sería un prejuicio.
Finaliza Casciari ese día de 2009: “Y también es seguro que ahora —tan pronto acabe la gira de prensa que se larga en estos días— retomaré Orsai con la frecuencia antigua”.
Mentira.
No fue así.
Lo sé porque lo vi en su blog. Se retiró. No apareció más.
Los que no abandonaron Orsai fueron sus lectores. Al menos algunos de ellos, muchos. Con el correr del tiempo se agotaron las felicitaciones, los agradecimientos y llegaron los reclamos.
Entre otras cosas, se mostraron enojados, desilusionados, desesperados, ansiosos, abandonados.
Algunos lo extrañaron, otros lo acusaron de haberse aburguesado, de sorete, de gordo falopero, de puto. Especularon con la posibilidad de que estuviera preso, de que hubiera dejado de escribir en un blog porque sólo le interesara el dinero. Lo odiaron con nostalgia por haberlos vuelto adictos al blog para luego dejarlos en banda.
Pero un día Casciari resucitó.
Fue el 23 de septiembre de 2010 a las 13.58 (supongo que de España, más precisamente de un pequeño pueblo de montaña)
En el comentario 561: Hernán Casciari dice: Volviendo en 1, 2, 3…
Sólo eso.
Bueno, no sólo eso.
Un rato más tarde volvió a postear.
“Matar la crisis a volantazos”.
Dice Hernán (o escribe, aunque escribe como quien dice): “Voy a cumplir cuarenta. Lo escribo así, de sopetón, para que se asusten los lectores jóvenes. La famosísima crisis es inminente. En las vísperas redondas (los veinte, los treinta) me pregunté siempre lo mismo: ¿cómo se esquiva una crisis que acecha? Cuando estaba a punto de cumplir los treinta cambié de país, de siglo y de estado civil. Hice todo eso nada más que para distraer mi crisis. Ahora viene otra, más intensa, y algo tendré que hacer. Un volantazo fulminante que me haga olvidar lo más terrible: que quedan diez años menos”.
Casciari cuenta que su mejor amigo (el Chiri), su amigo de toda la vida, se fue a vivir a España y que no escribió en todo el año porque estaban charlando.
Tenían mucho para decirse.
Y no sólo hablaron, también cranearon una idea genial, desquiciada, anti-marital, extemporánea, envidiable.
Decidieron hacer una revista, pero no sólo una revista, una publicación que respetará las siguientes reglas:
No tendrá publicidad, ni subsidios privados o estatales.
Tendrá la mejor calidad gráfica del mercado.
Prescindirá de todos los intermediarios posibles.
Tendrá una versión en papel y otra, dinámica, para tablets.
Escribirán y dibujarán únicamente personas que admiremos mucho.
Llegará en menos de siete días a cualquier país del mundo.
Será trimestral y tendrá más de doscientas páginas.
En cada país costará lo que un libro (gastos de envío incluidos)
Contará con un capital inicial de cien mil euros.
La plata la ponemos nosotros, porque el sueño es nuestro.
Si salvamos la inversión, somos felices.
Si no salvamos la inversión, nos chupa un huevo.

Escribe Casciari: “Orsai se transformará, el día sábado uno de enero de 2011, en el exacto momento que cambie la década, en la revista Orsai. Y este blog se convierte, desde hoy, en el detrás de escena, en el backstage de ese sueño gráfico que vamos a componer a mano, como en los tiempos analógicos, pero con edades y recursos avanzados.
Vuelvo a Orsai, lo abro de un modo semanal y permanente, para inaugurar el antojo de una revista imposible, para festejar nuestros cuarenta años”.
No sé si entre las mujeres pasa, no lo sé porque no soy mujer y no puedo ponerme en ese lugar, pero entre los hombres este es un rasgo de la amistad: la vuelta a la infancia, el sueño de proyectos imposibles que la presencia de un amigo transforma en viables.
Ese es el origen de la revista, una amistad que los anima a tirarse de cabeza.
Y entonces Hernán renunció.
Fue la semana pasada.
El 30 de septiembre anunció: “Renuncié hace unos días a mi columna de los domingos en el diario La Nación, de Argentina, y renuncio hoy a mi columna de los viernes en El País, de España. Noventa columnas y dos años de trabajo en La Nación; ciento veinte columnas y tres años en El País. Aprendí mucho de ambos periódicos. Aprendí, sobre todo, que solamente me puedo divertir en un medio sin publicidad, y que solamente puedo dormir los viernes —de un tirón, sin telefonazos intempestivos— en un medio sin ideología”.
Y envalentonado como estaba por el regreso a un tiempo, sino mejor, al menos, con más futuro por delante, siguió renunciando: “Y ya que estamos en el tren, aviso por este medio a Random House Mondadori que también renuncio a sacar nuevos libros con la Editorial Sudamericana de Argentina, o con Editorial Grijalbo en México. Por contrapartida, no tengo más que agradecimientos con Plaza & Janés de España. Pero como vengo embalado tampoco publicaré más allí”.
Es que en su cabeza –y en la de Chiri, supongo-, sólo hay espacio para el nuevo proyecto
Una revista. Una empresa desquiciada desde que se supone –qué se yo sin con asidero o no- que la gente no lee (de hecho si la gente no lee, no debe estar leyendo esto).
Un medio de comunicación que permita “volver a leer largo y tendido, y de que cada colaborador escriba hasta que se le antoje. Queremos tener en las manos un papel que no te venda nada, ni explícito ni subliminal. Regresar a la crónica periodística y a la ilustración de calidad, y que las fotos te cuenten una historia, y que cada línea y cada desglose esté hecho por personas apasionadas, y no por burócratas, pasantes, acomodados y becarios”.
Eso quieren Hernán y el Chiri. Esos dos tipos con los que me gustaría tomarme unos tragos.
Eso están tramando estos argentinos que volvieron a encontrarse en España.
Habrá que esperar a que el sábado 1 de enero de 2011 salga a la calle o a las librerías o a donde sea el primer número de Orsai.
Habrá que esperar, no falta tanto.

4 comentarios:

Valeria dijo...

Cuando te vengas a Londres intentamos otra vez lanzar una revista. Cuanto falta para los 40?

Conjuro dijo...

Estoy a 5 años, lo que nos faltan son los 100 mil euros, pero es apenas un detalle.

Valeria dijo...

Vos por la plata no te hagas problema, ponemos los crios a modelar y algo juntamos (aunque dudo que llegemos a los miles)

Daniela dijo...

Algunos de nosotros todavía leemos... pero no sé si se nos puede llamar gente... jaja
un placer leer lo que escribe Don Conjuro...
ya me bajé "El pibe que.... "
después lo leo..