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lunes, 12 de julio de 2010

Cámaras y fusiles

En Uchuraccay, cuando se encontraron los cadáveres de los ocho periodistas la izquierda culpó a los militares. La derecha dio por seguro que era obra de Sendero. Una comisión investigadora y un largo y complicado juicio con traductores quechuas determinó que habían sido los campesinos. Un militar que estaba destacado en la zona me dice: “Cuando llegué a Uchuraccay, los pobladores estaban orgullosos. Me dijeron que habían matado a una columna de senderistas, que tenían sus armas. Las supuestas armas eran las cámaras fotográficas y las grabadoras. Los campesinos nunca las habían visto. No sabían distinguirlas de los fusiles y las pistolas”.

"La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso", de Santiago Roncagliolo. Pág. 113.

miércoles, 16 de junio de 2010

Epígrafe de "La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso"

"El revolucionario es un hombre condenado. No se interesa por nada, no tiene sentimientos, no tiene lazos que lo unan a nada, ni siquiera tiene nombre.
En él, todo está absorbido por una pasión única y total: la revolución.
En las profundidades de su ser ha roto amarras con el orden civil, con la ley y la moralidad. Si sigue viviendo en sociedad, es sólo con la idea de destruirla.
No espera misericordia alguna. Todos los días está dispuesto a morir", J. M. Coetze, ganador del Nobel de Literatura.

Epígrafe de "La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso", de Santiago Roncagliolo.

sábado, 19 de abril de 2008

Epígrafe de "Abril Rojo"


“Los hijos del pueblo no han muerto, en nosotros viven y palpitan en nosotros”, Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso.

“La guerra es santa, su institución es divina. Y una de las sagradas leyes del mundo. Mantiene en los hombres todos los grandes sentimientos. Como el honor, el desinterés, la virtud y el valor, y en una palabra le impide caer en el más repugnante materialismo”, Helmunt Von Molke, citado en el folleto senderista “Sobre la Guerra: proverbios y citas”.

Epígrafes aparecidos en “Abril Rojo” de Santiago Roncagliolo, comprado en un puestito de La Paz, obviamente, pirata, pero con todas las páginas en su lugar.