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viernes, 5 de septiembre de 2008

Epígrafe de “Los veteranos del pánico”

Si te cruzás con Buda, mata a Buda.
Si te cruzás con un discípulo de Buda,
matá al discípulo de Buda.
Si te cruzás con tu padre,
matá a tu padre.
Si te cruzás con tu madre,
matá a tu madre.
Sólo así te liberarás de los apegos
y serás libre.


Proverbio Chino

“Los veteranos del pánico”, de Fabián Casas, publicado por Eloisa Cartonera.

viernes, 29 de agosto de 2008

La invisivilidad según Casas

"Hace un tiempo atrás se me rompió un zapato. Me vi en problemas porque no recordaba una zapatería cerca de casa para poder arreglarlo. Sin embargo, salí a la calle y a las dos cuadras encontré una. Era un local viejo iluminado por una luz muy cálida. Había olor a cuero y una estufa daba un calor acogedor. Parecía una zapatería sacada de los cuentos infantiles. Detrás del mostrador, un hombre mayor trabajaba con un martillo y unos clavos. Tenía unos anteojos de esos que se usan para ver de cerca. Intercambiamos frases de cortesía y le pregunté si era nuevo en la zona, ya que yo –que había pasado infinidad de veces por ahí- no lo conocía. El hombre se sonrío y me dijo que hacía 20 años que estaba en el barrio. Que había visto crecer a varios de los chicos que antes jugaban en la vereda. Le dejé mis zapatos para que los arreglara, lo cual hizo de manera notable. Saqué una conclusión: hasta que no lo necesité, el zapatero había sido invisible. Saqué otra conclusión: todos los que hacen bien su trabajo son invisibles. De manera que, en una cultura que propicia la sobreexposición mediática, la invisibilidad es un don. Me di cuenta que también algo de ese espíritu estaba en los escritores que me gustan, esos que no salen a buscarte desde los desmesurados aparatos editoriales sino que se los encuentra irremediablemente cuando son necesarios".

Part del texto leído por Fabián Casas hace algo más de un año al recibir el premio "Anna Seghers" en Alemania.

lunes, 11 de febrero de 2008

Epígrafe de “Los Lemmings y otros”

“Yo quería ser Astroboy y Astroboy quería ser yo”, Domin Choi en “Los Lemmings y otros” de Fabián Casas.

miércoles, 16 de enero de 2008

Adonde quiera que vayas


Hace poco estuve releyendo “Los Lemmings y otros”, un libro de cuentos de Fabián Casas. Ahí me di cuenta que la máquina del tiempo existe, sin cables, ni botones o luces de colores. Sin científicos nazis indultados por el imperio. La máquina es apenas uno de esos cuentos, “El bosque pulenta”.
La historia de dos amigos de la infancia, pibes de barrio. La historia de un líder (como Facundo Pérez Morresi, ver revista Leche 16) que les traza el camino a los demás, les descubre un lenguaje, les abre mundos, que un día se pierde, se borra como una marca sobre el agua.
Con ese cuento, puedo jurarlo (yo, que nunca juro), viajé al pasado.
Volví a jugar por la Coca que salía dos australes con cincuenta. Volví a eructar triunfos (que de grande escasearon) en canchas improvisadas, en calles desiertas, en veranos implacables.
Cuando en el cuento se disponen a pelear con la barrita enemiga, para ver quién es más pulenta, uno de los pibes pregunta si esa plaza está en Boedo. La respuesta del líder es implacable: “Boedo queda donde estemos nosotros”.
Yo no pude evitar que se me pusiera la piel de gallina cuando leí esa frase, tampoco ahora que la transcribo.
Porque es así. A cierta edad el mundo se reduce a cuatro o cinco nombres. Tus amigos son un continente que se desprende de todo, que puede llevarte a la deriva, pero al que no podés traicionar.
Y la aventura está a un partido de distancia, a un desafío por la Coca, a dos cuadras. Y la mayoría de las veces, cuando pasa el tiempo, ese continente estalla. Pero jamás desaparece. Porque el barrio, ese mundo, queda donde estemos nosotros y eso no lo puede cambiar nadie.